El otro día me encontré por la calle con una persona totalmente idéntica a mi. El muy cabrón iba con una tía impresionante, y montado en un coche descapotable, se despedía de ella. Mientras arrancaba, nos cruzamos las miradas y nos descubrimos visiblemente perturbados por nuestro encuentro.
Al poco de arrancar su coche, me di la vuelta y se oyó rugir el motor de su coche mientras aceleraba. Luego pude escuchar a mis espaldas el estruendo de un choque brutal. Me quedé aterrorizado y no me atreví a darme la vuelta. Decidí seguir caminando como si nada hubiese ocurrido, pero no pude quitarme la sensación de una enorme culpa.